Procrastinación
: El Síndrome de la Cigarra Henry Santa Cruz Espinoza
Un
adagio popular versa “no dejes para
mañana lo que puedes hacer hoy” haciendo alusión a la conducta inadecuada
por la cual se posterga las actividades o se deja su ejecución para último
momento. Esta conducta se viene investigando desde hace un buen tiempo, sobre
todo en estudiantes, y se define como procastinación.
La
procrastinación es la tendencia a retrasar o posponer la finalización de una
labor evitando las responsabilidades, decisiones y tareas que requieren ser
desarrolladas (Haycock, McCarthy & Skay, 1998; citado por Steel, 2007).
Esta
conducta puede clasificarse hasta de tres tipos: una denominada por procrastinación
evitación, donde el temor de iniciar una actividad así como la evitación del fracaso representan sus
principales características, y ello estaría ligado a un problema de estima
personal. Por otro lado, esta aquella procrastinación por activación, que se
caracteriza por la postergación de la tarea hasta que no existe mayor salida
que llevarla a cabo, que por el
contrario, a la anterior estaría relacionada con un sentimiento de
autosuficiencia. Finalmente tenemos, una procrastinación por indecisión, en la
que se pierde demasiado tiempo pensando en la mejor manera de ejecutar la tarea
sin llevarla a cabo, esta última podría estar ligada con características
obsesivas o dificultad para tomar decisiones en los sujetos.
Muchas
referencias indican que el problema tiene lugar al inicio de la adolescencia,
con el riesgo que se instauré como un patrón de conducta. Por tanto, el estudio
del tema es de relevancia puesto que incide en el aprendizaje y desempeño académico
de los estudiantes, pudiéndose reflejar, así como lo menciona Ferrari (1995),
en el incumplimiento de horarios, entrega de asignaciones fuera de fecha, retraso
para desarrollar tareas, esperar hasta el último para finalizar sus labores,
estudiar faltando pocas horas para un examen.
Hipótesis
sobre las posibles causas existen muchas, sin embargo, merece mejor el
centrarnos en las soluciones. Así que las siguientes recomendaciones podrían
ser de mucha ayuda para manejar esta conducta en nuestros estudiantes:
- Ayudarlos a reconocer su
dificultad:
Un estudiante que no es capaz de identificar sus limitaciones se encuentra
cerrado al cambio.
- Mantener la motivación en
la tarea:
Brindar pautas o estrategias que motiven o centren la atención del
estudiante. Al comienzo pueden utilizarse refuerzos externos pero
paulatinamente se deberá buscar una automotivación.
- Organizar del tiempo: Favorecer un clima que
le permita al estudiante contar y cumplir con horarios establecidos, que
ayuden a regular y controlar sus actividades, según la necesidad e
importancia de la tarea.
4.
Trabajo en grupo:
Los miembros del grupo pueden ayudar a regular el comportamiento procrastinador
centrándola en la tarea objetivo, pero se trata de trabajar con personas
motivadas, no otros procrastinadores, de tal forma que transmitan esa misma energía
y motivación por el trabajo.
5.
Controlar los pensamientos
negativos. Existen algunas tareas que nos bloquean
cuando hemos tenido una experiencia negativa previa, por ejemplo una mala
calificación puede llevarnos a pensar que no somos útiles, que por más esfuerzo
que hagamos seguiremos saliendo desaprobados. Estos pensamientos terminan
generalizándose y paralizándonos. Es importante identificar y controlar este
tipo de pensamientos.
- El descanso aumenta la
productividad:
La falta de energía presente en las actividades están asociadas a la falta
de descanso, debemos procurar que nuestros estudiantes tengan el tiempo
suficiente de calidad para dormir, practicar algún hobby, salir de paseo.
- División de la tarea: Enseñar a que las
enormes tareas deben priorizarse y organizarse para su ejecución lo antes
posible y dividirla en pequeños pasos. Parece ser más fácil el
concentrarse en uno a uno de los pasos que en la tarea global, en cuanto
menos lo pensamos ya hemos terminado la tarea.