En los últimos meses hemos sido testigos de las denuncias hechas por padres de familia debido a las diversas agresiones de las que han sido víctimas sus hijos, los medios de comunicación brindaron amplia cobertura a algunos casos en particular y advertían sobre el fenómeno bullying.
Haciendo una revisión de sólo uno de los diarios de circulación nacional encontramos noticias que muestran la presencia de conductas violentas en la escuela:
“Escolar muere por practicar juegos violentos en el colegio de ventanilla: El aula del primer año ‘K’ del colegio Villa Los Reyes, en Ventanilla, fue escenario de una tragedia escolar. John, de 14 años, perdió la vida, a causa de los golpes que sufrió en la cabeza al caer al piso enlosetado, cuando era balanceado en el aire, sujeto de las extremidades, por otros cuatro adolescentes. Los padres del fallecido denunciaron que el menor era acosado y golpeado de manera constante por alumnos mayores” (El comercio, 11 de noviembre de 2009)
“Niño de 7 años murió víctimas de una golpiza dad por dos de sus compañeros de colegio: Los menores de 8 y 10 años de edad solían golpear a su víctima con regularidad. (El comercio, 23 de abril de 2010)
“Tacna: colegial fue herido por un compañero con un desarmador y en plena clase: Menor fue trasladado al hospital Hipólito Unánue por herida en la espalda”. (El comercio, 22 de octubre de 2010)
“Menor quedó parapléjico tras ataque de compañeros de colegio en San Juan de Lurigancho. Según el padre de Clinton Maylle, su hijo fue atacado fuera de la institución educativa Micaela Bastidas, de Canto Grande. Asegura que lo molestaban constantemente por ser provinciano” (El comercio, 20 de octubre de 2010)
Este tipo de hechos dan cuenta de los problemas que se presentan en las relaciones interpersonales que establecen los alumnos en los diferentes centros educativos. Este tipo de relaciones hostiles no son situaciones nuevas, más de un lector recordará como en sus colegios se “cogía de punto” al estudioso, al callado, al gordo, al sobreprotegido, al de baja estatura, o cuan alumno lo permitiera. Inclusive eran parte de las inspiraciones de algunos escritores; por ejemplo, ya nuestro poeta Vallejo, en Paco Yunque, nos describe a un personaje víctima de Humberto Grieve, ilustró el sufrimiento al que era sometido por su condición económica y por ser provinciano, lo mismo podemos encontrar en la novela La ciudad y los perros, donde Vargas Llosa dibujó un sistema donde reinaba la desigualdad y donde el más fuerte sometía al débil, que en la novela eran representados en la figura del Jaguar, Alberto y Arana.

Según Serrano (2006) los primeros estudios sobre el acoso escolar, maltrato entre escolares, violencia escolar o bullying fueron hechos en los años 50 en los Estados Unidos, pero es en Europa que surge a finales de los años setenta como un campo de investigación específico.
El noruego Olweus (1998) utilizó por primera vez esta terminología para referirse cuando alguien, de forma intencionada y reiterativa, causa daño, hiere o incomoda a otra persona. Pero además este tipo de conducta incluye un desequilibrio de fuerzas, es decir el alumno sometido tiene dificultad para defenderse.
El análisis de esta definición nos permite distinguir que no toda agresión física puede catalogarse como bullying, ya que debe cumplir los requisitos de ser intencionada y reiterada. Estas características deben juzgarse cuidadosamente puesto que es de esperar en las relaciones interpersonales se observen conductas de agresión ya que son inherentes al comportamiento humano; sin embargo, ello no las convierten en bullying o acoso escolar. Incluso estas dos características no son suficientes, el tercer elemento es el observar un desequilibrio de poder, lo que indicaría una incapacidad por parte de la víctima para hacer frente a su agresor. Este desequilibrio no sólo marca la diferencia en la capacidad corporal o física sino más en el sentirse desprotegido e incapaz de defenderse.
Sería un error abordar este problema tan solo considerando que quien necesita de algún tipo de intervención y/o atención especializada debe ser el agresor, este circuito de violencia se genera también porque existe una víctima quien engancha en este tipo de relación y soporta el abuso; así como unos espectadores quienes no intervienen, ríen, o se hacen de la vista gorda y permiten el abuso. En la actualidad existen investigaciones que han determinado características específicas tanto para agresores, víctimas y espectadores.
Garaigordobil y Oñederra (2010) señalan que los agresores suelen ser alumnos con rendimiento académico promedio o inferior, que provienen de hogares disfuncionales, con modelos violentos, poco tolerantes; mientras que las víctimas suelen tener dificultades en sus habilidades sociales, son reservados, introvertidos, ansiosos, con baja autoestima. Con respecto al perfil del espectador se estudio poco sin embargo Carozzo, Benites, García y otros (2009) sostiene que se puede distinguir a un alumno con miedo a defender a los demás, con necesidad de aprobación, o popularidad, y dependiente del grupo.
El acoso escolar o bullying se presenta en diversas modalidades pero habría que empezar diferenciando entre el acoso directo e indirecto. El acoso directo esta caracterizado por agresiones evidentes tanto físicas como psicológicas, mientras que el acoso indirecto usa formas más sutiles como el aislamiento social, la “la ley del hielo”, pero que igual generan consecuencias emocionales de significancia. Las formas de bullying más conocidos son los caracterizados por la agresión física, verbal, calumnias, extender rumores malintencionados falsos o verdaderos, la manipulación de personas para lograr aislar a un compañero, poner sobrenombres, entre otros.
La tecnología ha permitido además incorporar otras modalidades conocidas como el ciberbullying y el happy slapping, el primero de ellos consiste en utilizar medios como el correo electrónico, chats, foros y/o páginas sociales para ofender, insultar o agraviar a los compañeros; y el segundo consiste en filmar o fotografiar las agresiones físicas y/o humillaciones realizadas y colgarlas en la web con la finalidad de burlarse y humillar a la víctima.
Se han identificados factores de riesgo asociados, entre estos se plantean los de individuales o personales, los familiares, escolares y socioculturales, y como plantea Serrano (2006) aunque no se han logrado demostrar consistentemente su participación, se observan evidencias suficientes para tomarlos en cuenta.
A nivel personal la conducta disocial está asociada al acoso, los alumnos agresivos y disruptivos tienden a ser acosadores. Es probable que el tener un CI bajo y el fracaso escolar también estén relacionados, de igual modo la depresión y la baja autoestima pueden guardar relación. Pero según Serrano (2006) el factor de riesgo más importante es la hiperactividad – impulsividad – déficit de la atención; mientras que Wilton, Craig, Pepler (2000) consideran que dentro de estos factores personales la impulsividad y falta de empatía suelen ser factores más importantes.
Por lo planteado, corresponde a las instituciones encargadas de la educación de los niños y adolescentes el incidir en una formación que fortalezca habilidades necesarias para enfrentar situaciones difíciles en los contextos educativos, educar el manejo de la ira, habilidades para resolver problemas, la empatía y el mejoramiento de la autoestima, permitirán dotar a los alumnos de elementos que prevengan relaciones hostiles.
Sin embargo, el estudio y abordaje sólo de los factores personales no son suficientes. Los factores familiares asociados al bullying son de suma importancia, entre los más comunes tenemos a las familias conflictivas, prácticas disciplinarias severas y relaciones de mala calidad con sus hijos. En éste sentido la promoción de estilos familiares saludables en la escuela son necesarios, así como, el brindar oportunidades a los padres para que aprendan a desarrollar prácticas de crianza beneficiosas.
Un tercer componente es sin lugar a dudas la escuela, en ella circulan quizá los factores de mayor importancia debido a que representa el campo de desarrollo del fenómeno bullying. Un sistema educativo con escasa capacidad para controlar que la disciplina sea coherente y justa favorece este tipo de prácticas, la poca capacitación de los docentes, la exclusión de la familia en el abordaje del mejoramiento de la convivencia escolar resultan siendo determinantes. Incluir políticas de intolerancia frente a la violencia y un plan integral de acción por contrario favorecería prácticas más adecuadas de interacción.
La actitud del docente merece una descripción aparte puesto que una conducta descalificadora, inflexible, o cargada de bromas mal utilizadas, o el mimetizarse con la conducta inadecuada de los alumnos con la finalidad de caer bien a otros, resulta dando origen o reforzando la conducta de acoso.
Por otra parte, existen ciertas creencias que pueden dejar pasar o no permitan dar importancia a los comportamientos de acoso, y estas pueden estar expresados en ideas como: “este problema a existido siempre”, “esto les ayuda a madurar”, “los problemas de chicos se resuelven entre ellos”, entre otros; estas debieran tratarse a nivel docente y analizarse ya que no favorecen la intervención.
A nivel social debemos consideran que la vida de muchos adolescentes transcurre en ambientes cargados de violencia, las pandillas, asesinados, asaltos y secuestros son muestra de ello.
En éste mismo contexto debemos situar a los medios de comunicación que cada vez transmiten programas más agresivos donde la muerte y sangre son frecuentes incluso en programas dirigidos a niños. Los videojuegos y juegos de la red que enganchan a muchos niños y adolescentes por varias horas no son la excepción sus contenidos altamente violentos desensibilizan a este tipo de conductas y se convierten en modelos de conducta para su conducta lúdica y social.
Finalmente debo indicar que a nivel internacional las evidencias relacionadas con el acoso escolar o bullying ciertamente son consistentes; sin embargo en, nuestro contexto peruano urge realizar investigaciones que nos permitan identificar estos factores personales, escolares, familiares y sociales que predisponen o están asociados al desarrollo de éste tipo de relaciones, tomando en cuenta que la conducta obedece a una realidad social y que incluso sus manifestaciones serán cambiantes en función a ella e allí la importancia de dirigir nuestras investigaciones a este fenómeno que nos permita esclarecerlo y proponer alternatin svas que ayuden a la prevención y/o solución de este fenómeno.