Es un tema de preocupación internacional las manifestaciones cada vez más violentas que tienen las personas para resolver sus problemas, vivimos en una sociedad caracterizada por un alto índice de agresión a todo nivel, la escuela no escapa a esta problemática. Cada vez son mayores las quejas en los centros educativos con respecto al tema de maltrato de docentes a alumnos, de alumnos a docentes y entre alumnos mismos. Tal es esta preocupación que en diferentes universidades se han creado programas de especialización para atender este tipo de problemas. En nuestro país se han abierto programas para atender a víctimas de diversas formas de violencia, uno de estos esfuerzos se desarrolla en el Ministerio de Educación donde existen programas especialmente diseñados para mejorar la convivencia en los centros educativos, y cada año se esfuerza por generar actividades que ayuden en la prevención de éste problema
La organización Mundial de la Salud (2002) en su informe sobre la violencia refiere que para prevenirla en cualquiera de sus manifestaciones, incluidas las que se producen en la escuela, es preciso reconocer que sus condiciones de riesgo y de protección son múltiples y complejas, así como la necesidad de analizarlas tanto en el individuo, como en el contexto que interactúa.
En los estudio de Oliver, Oaks y Hoover (1994) sobre el perfil de niños y adolescentes que despliegan conductas agresivas en la escuela se identifica como principales antecedentes: La ausencia de una relación afectiva cálida y segura por parte de los padres, que manifiestan actitudes negativas y/o escasa disponibilidad para atender al niño; y fuertes dificultades para enseñarle a respetar los límites, combinando la permisividad ante la violencia con el frecuente empleo de métodos coercitivos autoritarios, utilizando en muchos casos el castigo físico.
Los resultados anteriormente expuestos resultan coherentes con los encontrados por Bosworth y Simon (2000) quienes al estudiar los antecedentes familiares de la conducta del maltratado, encuentran que una de las características que incrementa su riesgo es haber estado expuesto a unas condiciones familiares que dificultan el aprendizaje de modelos alternativos de violencia y fomentan el modelo dominio – sumisión que con ella se relaciona.
Otras investigaciones como las realizadas por Strauss y Yodaniss (1997), en padres de alumnos agresores, encuentran que éstos carecen de de habilidades alternativas para enseñar a respetar límites, que perciben las situaciones problemáticas como casi imposibles de solucionar, y combinan conductas autoritarias con una excesiva pasividad.
Por su parte Bromfenbrenner (1979) encontró un importante factor de riesgo para la violencia, y está relacionado con la ausencia o aislamiento de otros sistemas sociales (parientes, vecinos, amigos), y que la cantidad y calidad de apoyo social del que una familia dispone representa una de las principales condiciones que disminuye el riesgo de la violencia, puesto que dicho apoyo puede proporcionar: ayuda para resolver problemas, acceso a información precisa sobre las otras formas de resolver los problemas; y oportunidades de mejorar el autoestima y empoderamiento.
Cabe considerar los resultados obtenidos por Diaz- Aguado y Martínez (2000) ellos sugieren que desde edades muy tempranas (de 2 a 6 años) es posible detectar un estilo de conducta agresivo, que se caracteriza por pegar a otros niños, amenazar, insultar, excluir, romper material al molestarse; conductas que van acompañadas de una fuerte necesidad de llamar la atención, escasa empatía, dificultad para estructurar la conducta entorno a objetivos tareas y exclusión de situaciones positivas de interacción con los otros niños. Este mismo estudio sugiere que el sentimiento de exclusión social trasmitidos por la familia, o experimentado por el propio niño puede generar conductas violentas.
Todos los datos expuestos muestran la importancia que tiene la familia en el desarrollo de conductas violentas en los niños y adolescentes, y no sólo hablamos de ello sino también de la disposición a enganchar en un círculo de violencia; es decir también la familia perfila a un niño o adolescente para ser víctima de éste tipo de actos.
En función a lo presentado, los padres y madres de familia podrían seguir las siguientes recomendaciones para prevenir que su hijo o hija se conviertan en un agresor o por el contrario en una víctima. Debemos tomar en cuenta que este tipo de recomendaciones deben mantenerse a lo largo del tiempo y que deben ajustarse a cada tipo de familia según el caso.
Recomendaciones para padres con hijos violentos:
1. Evalúe si usted es un modelo de conducta violenta, si se irrita con facilidad, si resuelve las cosas con ira o enojándose. Si es así trate de empezar por usted mismo, controlándose y buscando nuevas formas de resolver los problemas.
2. Evalúe si es un padre autoritario o madre autoritaria. Si es así, trate de enmendar su conducta converse con su esposo o esposa para que sirvan de apoyo.
3. Establezca límites claros de que es lo que está permitido y que no tanto dentro como fuera de la casa.
4. Cumpla tanto con los premios como con los castigos que ofrece recuerde que ello ayudará a que sus hijos crean en usted y además sabrán a qué atenerse cuando las cosas no marchan bien.
5. Pedirle que se ponga en el lugar de las demás personas, ayúdelo a valorar los sentimientos de los demás.
6. Si se descubre una falta enseñarle a hacerse responsable y recibir la sanción, por ningún motivo trate de encubrirlo para evitar sanciones, de ese modo nunca aprenderá de su propia conducta.
7. Valore los cambios de conducta positivos por más pequeños que sean.
8. Refuerce y no pase por alto cuando su hijo muestre formas alternativas a la violencia para solucionar sus problemas.
9. Acepte las sugerencias de los maestros (as) y/o psicólogo (a) del centro educativo ellos están tan o más interesados en modificar la conducta de su hijo (a)
10. Mejore la comunicación con su hijo(a) por lo general la aparición de un problema de conducta suele ser un llamado de atención a la dinámica familiar.
11. No aliente conductas demasiado competitivas o el ejercicio de la violencia para resolver los problemas en sus hijos, más bien fomente el compañerismo y la solidaridad.
Recomendaciones para padres con hijos víctimas de violencia:
1. Fortalezca el autoestima de su hijo(a), refuerce sus logros, por más pequeños que sean.
2. Permítale tomar parte de las decisiones en casa, que se sienta escuchado, que sus opiniones son tomadas en cuenta, que es valioso.
3. No reprima sus muestras de ira diciéndole que de ese modo debe actuar frente a su agresor, con ello lo inhibe aun más y lo hace sentir como cobarde.
4. Mejore la comunicación con su hijo, él debe sentir que puede contar con usted.
5. Apoye la formación de nuevas amistades y grupos sociales.
6. Ayúdele a que se habitúen a practicar algún deporte, con el objeto de reducir su ansiedad por la tensión a la que puedan estar sometidos
7. Dele la oportunidad de aprender a relacionarse que sea capaz de defenderse y de enfrentar sus problemas, no resuelva problemas que él o ella ya puede resolver a su edad.
8. Involúcrelo en actividades que hagan demostrar sus habilidades.
9. Trátelo respetando su edad recuerde que se trata de un adolescente, usted debe empezar a reevaluar las normas y límites en la casa, su hijo ya dejo de ser un niño, pero no es un adulto, así que hay que tratarlo como tal.



